Descubre Aguascalientes: termas, feria y vino
Guía de viaje · contenido editorialLas aguas termales le dieron su nombre a Aguascalientes, y hasta hoy sus habitantes asocian su ciudad con el agua tibia, la fiesta y la hospitalidad. Para un viaje urbano al altiplano central, la capital de este pequeño estado homónimo es un punto de partida relajado y seguro, sobre todo en primavera, cuando comienza la mayor fiesta popular del país.
Historia: de posta de caminos a ciudad industrial
El asentamiento se fundó en 1575 como parada del Camino Real de Tierra Adentro, la ruta de la plata entre Ciudad de México y Zacatecas. Los manantiales de Ojocaliente abastecían a viajeros y mulas y, más tarde, a balnearios y jardines. En el siglo XIX, el ferrocarril trajo grandes talleres a la ciudad; en el siglo XX llegaron las fábricas textiles y, por último, la industria automotriz, que convirtió a Aguascalientes en una de las ciudades más prósperas de México. En 1914 se reunió aquí la Convención de los líderes revolucionarios en el Teatro Morelos, un momento clave de la Revolución Mexicana.
Qué ver en Aguascalientes
El corazón de la ciudad es la Plaza de la Patria, con la catedral barroca, el Teatro Morelos y el Palacio de Gobierno, cuyos patios interiores lucen murales del artista chileno Osvaldo Barra. A pocas calles se encuentra el Jardín de San Marcos, un parque rodeado de balaustradas en torno al cual gira la feria en primavera. El Barrio del Encino, con su Templo del Encino y el Museo José Guadalupe Posada, recuerda al grabador que creó la famosa figura de la Catrina. Además, merece la pena visitar el Museo Nacional de la Muerte, dedicado por completo a la relación de los mexicanos con la muerte.
Feria de San Marcos y vida nocturna
Durante unas tres o cuatro semanas en abril y mayo, la ciudad se transforma en un enorme escenario: la Feria de San Marcos atrae a millones de visitantes con conciertos, corridas de toros, charreadas, peleas de gallos, juegos mecánicos y casino. Por las noches, las callejuelas en torno al Jardín de San Marcos se llenan hasta bien entrada la madrugada. Fuera de la feria todo es más tranquilo, pero en los bares de la calle Carranza y alrededor del centro hay ambiente nocturno con mezcal y música en vivo. A finales de octubre, el Festival de Calaveras atrae visitantes con desfiles con motivo del Día de Muertos.
Comer en Aguascalientes
La cocina del Bajío es contundente. Son típicas las enchiladas rojas con papas y zanahorias, la birria de cabrito y el pollo de San Marcos, un pollo en salsa de tomate que forma parte de la feria. La región es famosa por sus guayabas, que se transforman en dulces, mermeladas y licor. En mercados como el Mercado Juárez y el Mercado Terán encontrarás gorditas, tacos y jugos frescos. El vino cobra cada vez más protagonismo: el estado tiene una larga tradición vitivinícola y alrededor de la ciudad se pueden visitar bodegas.
Termas, excursiones y mejor época para viajar
Un baño en agua termal es parte de la experiencia: los históricos Baños de Ojocaliente, en el extremo oriental de la ciudad, funcionan desde el siglo XIX. Las excursiones llevan a Calvillo, un pueblo con plantaciones de guayaba y artesanía, y a la antigua ciudad de la plata, Zacatecas, a unas dos horas en coche. En Real de Asientos, iglesias y minas dan testimonio de la época colonial. El aeropuerto Jesús Terán (AGU) se encuentra al sur de la ciudad y recibe sobre todo vuelos desde Ciudad de México, Tijuana y Estados Unidos. El compacto centro se recorre a pie; para distancias mayores hay autobuses y taxis. La mejor época para viajar va de octubre a mayo: seco, soleado y con noches frescas a casi 1900 metros de altitud. Si quieres vivir la feria, reserva alojamiento con tiempo: los hoteles suelen estar llenos con meses de antelación y los precios suben de forma notable.
Una noche en el casco antiguo
Aguascalientes se muestra más hermosa en las horas posteriores al atardecer. Entonces se ilumina la fachada de la catedral, en la Plaza de la Patria las familias se sientan junto a la fuente y los vendedores ofrecen elotes, mazorcas cocidas con mayonesa, queso y chile. Un paseo por las calles peatonales lleva hasta el Jardín de San Marcos, donde bajo los árboles centenarios reina la calma. La ciudad está considerada una de las más seguras del país, y se nota: incluso a altas horas de la noche las calles del centro tienen vida. Si aún te quedan fuerzas, termina la jornada en una de las cantinas con una copa de licor de guayaba.





