Cantabria: Santander, arte rupestre y costa verde
Guía de viaje · contenido editorialCantabria es pequeña, pero está llena de contrastes: entre las playas de surf y las cumbres de los Picos de Europa apenas hay 60 kilómetros, y en las cuevas de la región ya se pintaban bisontes en los techos hace más de 35 000 años. Unas vacaciones en Cantabria combinan playa, montaña y arte prehistórico con una cocina en la que las anchoas de Santoña son las grandes protagonistas.
Entre el mar y la montaña
La comunidad autónoma se extiende por la costa norte de España, entre Asturias y el País Vasco. Su litoral está marcado por bahías, rías y dunas, mientras que el interior se compone de valles estrechos como el Valle del Pas, donde los ganaderos crían su ganado en fincas dispersas, las cabañas pasiegas. Al oeste se alzan los Picos de Europa; en el valle de Liébana, el teleférico de Fuente Dé lleva a los visitantes hasta casi 1850 metros de altitud. El clima es húmedo y templado, y las laderas, como cabe esperar, son verdes.
Santander y los pueblos de la costa
Santander, la capital, se asienta junto a una gran bahía. Tras el gran incendio de 1941, el centro de la ciudad se reconstruyó en buena parte, pero el barrio de El Sardinero, con sus hoteles de la Belle Époque y su casino, recuerda la época en que la familia real pasaba aquí el verano. En la península de La Magdalena se encuentra su antiguo palacio, hoy sede de una universidad de verano. El Centro Botín, de Renzo Piano, parece flotar sobre el agua en el puerto. Castro-Urdiales, al este, tiene una iglesia gótica sobre una roca que domina el puerto, y Laredo, una playa de arena de cinco kilómetros. Suances y Ribamontán al Mar, con el pueblo surfero de Somo, son muy apreciados por los aficionados al surf. San Vicente de la Barquera, al oeste, se sitúa en una desembocadura con vistas a los Picos nevados.
Qué ver en Cantabria: cuevas y pueblos
La cueva de Altamira, cerca de Santillana del Mar, es uno de los yacimientos más importantes del arte paleolítico. Para protegerla, el original permanece prácticamente cerrado, y una réplica fiel en el museo permite contemplar las pinturas de bisontes. Otras cuevas, como El Castillo, en Puente Viesgo, o Covalanas, se pueden visitar en pequeños grupos. Santillana del Mar es un pueblo de casas de piedra natural con escudos nobiliarios y una colegiata románica. Comillas alberga El Capricho, una de las primeras obras de Gaudí. Entre los demás destinos de Cantabria destacan Potes, en el valle de Liébana, con el monasterio de Santo Toribio, que según la tradición conserva un fragmento de la cruz de Cristo, y el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, una antigua mina con un recinto para animales. Torrelavega es la ciudad industrial y comercial de la región, con un gran mercado de ganado.
Anchoas, cocido y sobaos
Las anchoas de Santoña se fileteán a mano y se conservan en aceite; están consideradas las mejores de España. Las rabas, tiras de calamar fritas, se toman en Santander como tapa. El cocido montañés es un guiso de alubias blancas, berza, chorizo y morcilla, y el sorropotún, un guiso de pescado con bonito. Del Valle del Pas proceden los sobaos, un bizcocho mantecoso, y las quesadas, una tarta de queso. Para acompañar, el orujo, un aguardiente de orujo del valle de Liébana.
Cómo llegar y mejor época para viajar
Al aeropuerto de Santander llegan vuelos directos desde algunas ciudades europeas, y Bilbao queda a una hora en coche. Brittany Ferries conecta Santander con Inglaterra. Por la costa circulan trenes de vía estrecha. La mejor época para viajar va de junio a septiembre; en pleno verano llegan muchos españoles del caluroso interior del país. La lluvia es posible en cualquier momento.









